Cuando un ser vivo nace sólo tiene seguro que algún día su ausencia será permanente.
Esa ausencia llegará cuando el cuerpo físico se marchite hasta dejando su cuerpo
La esencia y el alma continuarán su camino, una luz no se apaga, cambia de lugar y de forma.
Es creencia, es fe, quizá sí quizá no, sólo sé que es una etapa más de la vida.
Tomar la mano y acompañar a un ser amado mientras transita esos instantes entre esta vida y su último aliento me resulta reconfortante, tranquilizador.
En los seres humanos esta etapa se convierte en tabú en muchos casos, en negación, en miedos cargados de fantasmas.
Sin duda, se abre una puerta a lo misterioso, que puede ser origen de múltiples elucubraciones.
Se abre un camino de duelo, porque sí, duele y mucho la ausencia permanente de las personas que quieres.
Cuando lo inevitable sucede nos pilla por sorpresa, ¿por qué a mí?, ¿si era joven? y otras tantas preguntas sin respuesta se suceden.
Como en tantas otras ocasiones me siento diferente, cuando aparece o surge el fantasma de una ausencia permanente percibo, miedo y rechazo, evitación y negación. Y sin embargo, siento calma y amor hacia el cuerpo que se va. Me aporta nutrirme en sus recuerdos y sabiendo que es una etapa más de recorrido de este camino que llamamos vida.
Siempre me quedan sus enseñanzas, sus mensajes, su compañía infinita, aún sin poder tocarle sentir su piel.
Gracias por esta enseñanza, que seguro parte de uno de mis grandes ausentes, quien siempre tuvo una enorme capacidad de aceptación y transformar en las mejores oportunidades las dificultades de su vida.
Gracias por la paz que me aportó y me transmitió aún sabiendo que su ausencia iba a ser permanente.
miércoles, 23 de agosto de 2023
AUSENCIA PERMANENTE
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