jueves, 23 de abril de 2020

Carta de despedida

Hola a tod@s!
Deseo que durante estos días que estamos viviendo estéis todos bien, mucho ánimo.

Hoy quiero DESPEDIR, despedir con mayúsculas aquello que he dejado marchar durante el último año, es mucho. Con cada kilo se han ido barreras, miedos, culpas, malos entendidos, qué dirán para dar paso a espacio, calma, seguridad, amor propio, recogida de frutos, apertura de nuevas puertas y aprendizajes, muchos de ellos iniciados en otros tiempos… Al principio de los tiempos.
Mi mejor forma de despedir es escribiendo, uno de mis vicios, que me hace sentir libre y poner mi mejor esencia hacia aquello que quiero...
Queridos kilos,
Gracias por haber formado parte de mí, por haberme acompañado durante tantos años. Gracias por haber cambiado de forma, por formar parte de mi montaña rusa interior. Gracias por estar ahí mientras me habéis hecho falta, mientras os he necesitado.
Gracias por calmar mi alma en tantos y tantos momentos, por hacerme saber que el camino seguía y sigue, que un nuevo paso era necesario, tan necesario como continuar ahora.
Gracias por haberme traído hasta donde estoy hoy, hasta quien soy, gracias por ser un espejo de mí, ese espejo que siempre me susurrará al oído, que tocará a mi puerta cuando os necesite, que estaréis ahí para cuidarme y protegerme.
Gracias por cada lección, por cada chispa que habéis hecho brillar. Gracias por ser los que habéis limpiado mi cuerpo, alma, habéis vaciado mi mochila dejando hueco a nuevas experiencias, nuevos aprendizajes, nuevas fortalezas y seguro habéis destapado nuevos miedos que están más al fondo y hacen que el camino siga. La senda siempre continua, es la magia de la vida, no hay nada seguro, todo es susceptible de cambiar, hoy mejor que nunca lo vivimos a cada instante.
Gracias por permitirme sentir cosas tan absolutamente desconocidas al iros y darme cuenta de otras muchas de cuando estábais.
Os dejo ir desde el convencimiento de que ya no os necesito, que sois mis amigos, mis aliados, que os quiero como parte de mí que habéis sido.
Hasta luego, os doy la libertad de llevaros parte mi basurilla emocional, como alguien dijo hace ya mucho tiempo tenía “síndrome de diógenes emocional”.
Un abrazo por siempre,
Laura.
¿Te atreves a despedir a la persona que te ha dejado? Si como es mi caso no es una persona pero sí es una “cosa” (muy especial), situación, o sentimiento también lo puedes aplicar.
Cómo he dicho mi forma es escribir, lo ha sido siempre, ahora abierta un poco al público. Si la tuya es pintar, dibujar cantar, gritar, bailar, coser, modelar arcilla, un poema… Déjate llevar y que salga lo que tenga que salir TODO VALE, no mires tu lenguaje, ni los colores o las formas, deja marchar. Si antes de despedir quieres soltar tu rabia, gritarle y decirle lo injusto que te parece todo esto, todo está permitido. Hazlo! Te invito a que primero liberes y después despidas, agradece aquello que has aprendido, aquello que te ha aportado y después dale permiso para irse, para liberar el dolor. Deja que quede la cicatriz como recuerdo de que pasó, para acariciarla cuando te haga falta desde el amor.
¿Aceptas mi propuesta? Me puedes dejar tu comentario y si quieres nuevas propuestas o te apetece tocar algún tema será bien recibido para continuar.
 


viernes, 10 de abril de 2020

El duelo por la pérdida, breve descripción.

Este blog nació en un momento de mi vida de muchos cambios, momentos de un antes y un después. Ahora es más cierto que nunca ANTES y DESPUÉS. Todo cambia, todo se transforma.

Este post quizás es diferente de los demás, si bien lo considero necesario para poder avanzar en mi objetivo de contribuir, para poder DESPEDIR me parece interesante y hasta necesario diría yo, una breve explicación de como sucede el DOLOR en nuestro interior. Para mí es útil saber, poner nombre a lo que me sucede, entender y saber que se puede expresar, y después adaptar para aprender. No se trata de encorsetar, nada es cerrado todo está en continuo cambio, cada uno puede usar sus palabras las que os identifiquen.

Hoy después de muchos devenires en la vida, de mucho pasos, unos firmes y otros tambaleantes, años de búsquedas, todas con sus frutos. Me permiten reconocerme que el camino es la ACEPTACIÓN.ACEPTACIÓN es dejar que tu cuerpo sienta lo que toqué en cada momento, que cual fluido del cuerpo nos recorra, nos atraviese y poder dejarlo ir, guardarlo en mi interior con tintes púrpuras, recogiendo los restos del dolor y del amor. Ya no duele, simplemente es, ha pasado y ahora queda su poso su cicatriz y su aprendizaje.
Esta es la última fase del DUELO.
Perdida: Negación-Rabia-Resistencia-Depresión-Aceptación.
No me quiero enrollar pero creo importante poner una breve reseña de cada una de ella:
- Negación: ¿Por qué a mí? Esto no está pasando. Yo misma los primeros días de esta situación que nos inunda me decía, parece un sueño, esto no puede estar pasando.
- Rabia/Ira: una emoción muy potente, que manifiesta que algo nos injusto. Me parece interesante el aprendizaje de su gestión, pero no es el momento, en este camino me queda mucho por aprender. Todo llegará.
- Resistencia: me resisto a creer que no está bajo mi control, que tal vez no puedo hacer nada ni hubiera podido hacer nada por cambiarlo. Vas contracorriente trantando de cambiar algo que está fuera de mi alcance. Puede generar un profundo vacío. Puede suponer buscar culpables, alguien o alguna circunstancia sobre las que volcar la rabia y no sostiene resistiéndonos. Por qué a mí, esto no es para mí. Puede aparecer la culpa, qué he hecho para merecer esto. Durante estas semanas de confinamiento me he resistido a no poder sacar a los niños de casa. Esa mezcla entre rabia de ver a las personas con mascotas poder salir a sacarles, a personas salir de paseo, ¿y los niños?, dónde quedan los niños, qué mal han hecho.
- Depresión: profunda tristeza, con síntomas parecidos a una depresión. Angustia, miedo, malestar pocas ganas de hacer nada. Tristeza por no poder hacer nada. Los momentos de tristeza se alternan, pero me vienen especialmente cuando anticipo el futuro, cuando me dejó embaucar por el miedo y me voy a pensar en lo que puede pasar ...
- Aceptación: se alcanza especialmente cuando dejamos de resistirnos. Esto es lo que hay, no está en mi mano cambiarlo, sólo puedo hacer lo mejor que puedo con lo que tengo. Desde que he asumido que tenemos que estar en casa por un bien común, que es una experiencia que nos ha tocado vivir, y he puesto mi enfoque en aprender de ello lo que pueda, para los niños también va a ser una gran lección de vida, tratar de hacérselo más fácil a las personas con las que convivo, agradecer diariamente lo que tengo (que es mucho os lo aseguro), es más fácil. Ojo, hay días y ratos pero sólo sé que hay que seguir y buscar motivos para disfrutar cada día ante está aventura con destellos de locura, celebrar cada día algo, unas risas, estar juntos y un día más aprovechado.
Pueden pasarse todas las fases o solo algunas, el orden no es exacto, cada uno somos diferentes. Es una forma de poner palabras y compartir los sentimientos que se generan.

Desde aquí, ¿qué sucede cuando una persona nos deja y no puedo despedirla?. El dolor desgarrador se apropia de nosotros, nos invade y la emociones se suceden pasando por todas las del dolor.
Hay otra opción menos dolorosa que es no poder apoyar a la persona que ha sufrido la pérdida.
Me parece fundamental hacer el duelo como si le pudimos acompañar, especialmente hacia quien se va. Dejar que el dolor fluya por nuestro interior, llorar la pérdida (no todos lloramos con lágrimas). Despedirnos. Agradecer su vida compartida y dejar ir. No hablo de olvidar, es dejar ir, dejar que ese alma siga su camino. Y guardar para siempre su hueco en nuestro corazón.

lunes, 6 de abril de 2020

EL DUELO. Aliarnos con el duelo...


Me remueve, me resuena bien dentro, hace que mis dedos bailen buscando el son de las letras. Me angustia a la par que me motiva, me ilusiona y me levanta a buscar mi pequeño granito de arena.

Desde esa danza, desde ese aire que revolotea por todo mi cuerpo dejándolo desnudo, recorriendo cada poro de mi piel, es desde donde me gusta escribir este blog.


Mi objetivo: contribuir en esta tremenda situación producida por la crisis sanitaria del COVID-19, hacer uso de mis conocimientos, que sé que en alguna parte están, dar rienda suelta a mi motivación, enfocarme hacia algo que entreabre mi puerta.


Hoy quiero escribir, acercarme al dolor que muchas personas sienten en estos días teñidos de negro, llegando incluso a traer pérdidas muy significativas en nuestras vidas. Y por otro lado, quiero dar forma a mi propósito de aportar desde una perspectiva más estructurada, más activa.


El dolor que en estos días nos está azotando de manera generalizada a nuestro planeta y a cada uno de una manera. Dolor que a mí, me está acariciando en mi camino hacia la sanación de heridas, y de aprendizaje. De la mano que de quien abre rumbos desconocidos y potencia mi experiencia, a quien agradezco infinito su iniciativa y compartir la oportunidad.


El dolor de cada una de las personas que estamos involucradas en esta situación, todos tenemos el nuestro. El dolor de la pérdida de seres queridos o de la ausencia de acompañamiento a personas cercanas que sufren la pérdida. 


Me resulta aterrador sentir la pérdida de un ser querido desde la distancia, en soledad, sin despedidas. Toda pérdida requiere de una DESPEDIDA, una despedida como se merece. Nuestra naturaleza es social y las pérdidas y la imposibilidad de acompañar a alguien cuando está pasando un duelo nos aumenta la soledad, que ya de por sí esta situación no obliga a tener. Toda pérdida requiere ser sentida y llorada, para que la herida cierre y nos quede el recuerdo en la cicatriz.


Una emoción reprimida, no sentida o enquistada, trae culpa propia o la búsqueda de culpa en terceros, trae tristeza invasora sin permitir avanzar. Una cicatriz nos recuerda que el dolor existió, que fue una parte de mi vida, que es parte de mi historia, de mis aprendizajes, y pasó. Lo dejé ir, dejé que siguiera su camino, que cada alma que se va siga su curso y no se quede encerrada en un sufrimiento continuo.
De aquí, de mi necesidad de seguir, de cerrar heridas, algo que me ha llevado años comprender cuan importarte es, os invito a DESPEDIR, a acompañar a las personas que queremos en sus duelos, desde la distancia. Dejemos que el dolor entre, pase y se vaya.