Hoy os
quiero hablar de mi relación con la cocina.
Desde
muy pequeña me ha gustado cocinar, entrar en la cocina abrir la nevera e
improvisar.
La
cocina durante muchos años ha sido mi lugar de refugio, donde soñar que todo
era posible y probar para aprender. Una explosión de colores, olores y sabores
para resultar en una nueva textura al comer.
Además
me hacía y hace estar tremendamente atenta a lo que estoy haciendo en cada
momento cortar, pelar, amasar o freír y poderlo disfrutar en cada instante.
Cuando
era estudiante solía decir “cocinar me relaja” y así cada vez salía un
resultado inesperado y con energía para seguir estudiando.
A todos
estos ingredientes hay alguno más como la tradición de cocinar, compartir con
personas muy importante para mí mi afición y aprender de ellas e incluso poder
continuar.
A lo
largo de los años me he ido dando cuenta de cuánto dice la cocina sobre mí y mi
forma de hacer las cosas y para qué las hago.
He aprendido, entre otras cosas, que si quieres conseguir algo sólo hay que empezar a probar e intentarlo tantas veces como haga falta para llegar al resultado esperado y que aún no siendo el resultado esperado algo te ha enseñado y has aprendido. Asimismo, a desarrollar la calma dar sus tiempos para una buena elaboración y a sentir el esfuerzo, el cansancio y el buen olor que indica que llegas al final para sonreír y acabar.
Quiero
compartir hoy mi relación con el arroz con leche, elegí aprender a hacerlo para
ver sonreír y disfrutar a mi padre cada vez que lo veía y lo podía saborear.
Así,
aquello que hacemos que nos hace disfrutar nos puede enseñar cómo somos y ver
lo que hay detrás.
¿Cuál
es tu afición? ¿Dónde y cuándo la realizas?