Hoy surfeo entre las turbulencias. Las olas son suaves pero el mar anuncia tempestad.
Hoy tiempo después, trato de ver las olas desde la distancia, como ausente a la tormenta, viendo desde lejos la nubes engrosadas y oscurecidas que se acercan a velocidad discontinua. Y el aire bravo anuncia su desenlace, como si fuera un tornado sin agua, un terremoto sin tierra.No hay sujeción posible y lo sé. La opción es dejarlo pasar, mantener la calma aceptar lo que esté por pasar. Lo inevitable vendrá.
Los cristales se tienen que romper en pedazos, la tierra se tiene que rajar, se derrumbará lo conocido y nacerán las flores sobre el terreno sombrío. Las luces brotaran flores hermosas llenas de vida que darán comienzo a un nuevo hogar. Mientras mi hogar está en mi corazón, donde trato de cobijar la paz, a pesar de que mi cuerpo grita inquietud, ronronea inestabilidad pero siento que todo está bien, que tiene que ser así. Pasará y soltaremos la melena al viento dejando que acaricie nuestro cuerpo cargado de aire renovado y fresco.
No soy yo, no puedo cambiar lo que tenga que pasar. No puedo sujetar las paredes agrietadas que se rompen en pedazos.
Mi luz es acompañar desde la compasión y el cariño a quienes formamos parte de este sinsentido tratando de seguir remando a favor de ilusión de aquello en lo que creemos y de lo que nos sentimos partícipes.
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