Un remolino de viento que viene y va, que ronda, que se para y vuelve a empezar, es como funciona mi cabeza cuando algo quiere salir.
Las entrañas hablan, murmuran, ponen velocidad y más velocidad, empezar y parar, empezar y parar un vaiven continuo.
Para calmarlas hay que escucharlas, darles cariño, mimarlas y dejar que salga lo que tienen que decir.
Una pausa, aire fresco, sentir la brisa que se mueve con calma y acaricia el rostro y... las entrañas claro está.
Si me habéis leído más veces el aire me encanta, me despierta, me refresca su caricia me gratifica y me expande el pecho y abre la mente.... uuumm!!!! Qué paz!
Cuando las entrañas rugen abre mis oídos para oír sus gritos, cierro los ojos para conocer su retrato, abre mis manos para expresar su latir, sólo buscan un canal para poder salir.
¿Has oído el grito de tus entrañas? Si te apetece me cuentas en los comentarios.
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