"Amanece y comienza un día especial, hoy salimos a la
tienda, nos han reservado durante meses para el día de hoy.
¡Ay, perdón!, no nos hemos presentado, somos “par”, unos
zapatos de charol blanco, dulces como la miel, suaves como el terciopelo y
brillantes como las estrellas del cielo de verano, hoy va a ser nuestro gran
día.
Vinimos y nos guardaron en el almacén a la espera del baile
de primavera. Cada día nos han sacado de nuestra caja, con unas manos
enfundadas en guantes de seda, y con sumo cariño, como dos amantes que se miran
al hacer el amor, han sacado brillo a nuestra delicada piel. Lentamente, con
suavidad y canturreando sin parar, para así estar listo para el momento que ha
de llegar.
¡Uy! Nos deleitamos mucho entre estos cálidos recuerdos…
Nuestro cometido es lucir en los pies más bellos del lugar,
al adentrarse el pie en cada uno de nosotros será fantástico… un instante de
placer, de notar como estamos hechos el uno para el otro, como un sable está
hecho para su funda, como el mar acariciando los acantilados. Ajuste perfecto,
forma perfecta, sintonía al caminar, a cada paso, a cada movimiento durante
todo el baile.
Seremos las estrellas, la luz de nuestra dueña.
Comienzan a pasar en busca de su par, unos vienen y otros
van, entre ellos nosotros, es un sin parar.
Unos finos, otros largos, también gruesos y abultados; jóvenes,
mayores, lisos, con juanetes y hasta deformados… parecía que ninguno encajaba
en nosotros. A algunas les gustábamos mucho aun a pesar de no ser nuestro tipo
y ninguna se decidía a adentrar sus pies y transportarse durante unas horas en
nosotros.
Tras una dura mañana de trabajo, ya cansados, nos
entristecimos, “¿dónde están esos pies largos, finos, de piel tersa, brillantes
como la seda, ¡qué al entrar, hagan clac, son míos!?”
Dormimos un par de horas y frescos para volver a empezar.
La siguiente fue la definitiva, entró, nos miró uno a uno
hasta que llegó a nosotros. Nos miramos, sonreímos y contestos comenzamos
nuestra labor, seducir a nuestra futura modelo.
Primero uno y luego otro… “¡qué horror!”, dijimos los dos a
la vez. Pies anchos, con sus diminutos dedos deformados, sudorosos, de piel
densa y algo arrugada.
Comenzó a caminar, chof aquí, chof allá, nuestra dulce piel
ensanchada al antojo de ellos, el brillo bajaba y nos íbamos abriendo.
Mientras esperábamos que se fuese para que llegara la
siguiente oímos, “me los quedo, serán los que luzca en el baile de primavera”.
Atónitos y entristecidos acompañamos a aquellos amables
pies durante el baile de primavera para al terminar recogernos en nuestra
madriguera sin haber dado el resultado esperado."
¿Qué os sugiere? Habéis sido en alguna ocasión "par"...
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