martes, 5 de agosto de 2025

Resaca

Llega la resaca, después de la borrachera.

Una borrachera intensa hacía mucho que no recordaba estar tan ebria.
Gota a gota ha ido subiendo el nivel. Cada instante ha superado al anterior.
De la risa, disfrute y volar al son de la música. Hasta el escondite más recóndito bajo el sol cubierta de sollozos sordos camuflados entre el susurro del viento.

Espacios compartidos bajo el yugo del silencio prisionero del dolor. Palabras silenciadas recubiertas de miedo, lo que se transforma en un sin sentido, un vacío cargado de pesadumbre, de corazones heridos sujetos por los hilos de la distancia y el rencor.

Emociones enquistadas que quieren salir y se ahogan es su propio ser; de heridas que sangran queriendo ver la luz, que el otro las sane sin haberlas mostrarlas, ocultándose entre miradas que reclaman cercanía entre la distancia de la soga en sus extremos.
Búsqueda de tiempos pasados de compartir, esperanza de recuperar lo que ya no es.

La incomprensión llevada al extremo, mientras el poso del amor se mantiene intacto, ese no se pierde aunque se esconda teñido de sangre.

Así la borrachera va aumentado.

Cada maraña de ideas propias la alimenta creando redes sujetas en la nada, la tuya, la mía, la suya... que se mantienen en el tiempo agarradas a un certeza ignorante acerca de la existencia del otro. Mientras la melancolía encogida y sollozante espera que todo cambie.

En la resaca, enamorada de lo que fue, y ebria de tanto sentir, el cuerpo adormecido y tambaleante busca recuperar su equilibrio, superándose en su sabiduría.

Aquí se aproxima la rendición, dejar caer todo, ya no se puede sujetar, abrir la puerta y las ventanas, para que salga la ebullición y tratar de esperar paciente y esperanzada que algo nuevo llegará. 

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