sábado, 16 de mayo de 2026

El camino eres tú

La vida es un viaje, el camino eres tú, sí quién me lees, soy yo.

Un día casi sin darte cuenta el mundo se para, nada cambia y todo el distinto. Una pradera verde se abre ante tus pies, huele a flores de primavera, suenan los cantos de sirenas, bañado con gotas de ilusión. 

Una etapa toca el tambor, suena a transformación.  Infinidad de trabas y resistencias surcando por la confianza sin límites llegan hasta aquí. 

Un sueño, una ilusión que atraviesan una montaña rusa constante, en el vértigo se decidir en la frenética bajada y sujetar en la ardua subida. Cansancio extremo, perderte en la travesía, la soledad inmensa acurrucada en el amor más grande.

Diminuta en la inmensidad, fuerte en miedo, todo un engranaje moviéndose al unísono.

A la velocidad del aire, del soplido atroz, todo es aprendizaje, de la mano de maestros inesperados, de tocar el fondo y el cielo a la vez. El alma se abre en el rugir del frenesí y el firmamento sólido sostiene el cuerpo. 

Dar todo, regalar hasta la extenuación y el mundo un regalo de amor.

Así la atracción llega a su fin, cuál será el nuevo lugar por descubrir 



lunes, 4 de mayo de 2026

Emociones sentidas, emociones nutridas

Cuando una emoción llama a nuestra puerta, se asoma o entra bruscamente sin pedir permiso. Se cuela en nuestro interior aprieta, empuja e incluso duele, sí dolor físico. Sólo quiere ser aceptada, hacerse un hueco, ser vista.

Ese nudo en la garganta, esa opresión en la boca del estómago o en el pecho, ese nudo en el estomago, ese dolor de cabeza que te paraliza... así podéis completar cualquier otra que se os ocurra.

Toc-toc estoy aquí. Sí aquí. Y me muevo, me cambio de sitio, juego al escondite contigo, estoy aquí.
Quiero que mires aquí, que me oigas, que me sientas.

Y simplemente espera una respuesta, con paciencia y cariño.

Si la respuesta es hacer como si nada, querer quitarla de en medio... apretarla para que se quede ahí calladita, quieta y hacer como si nada. Se cierra, se encapsula, y ahí se queda agazapada y apretando.

Toc-toc. Sigo aquí, hola, sólo quiero que me mires y me sientas. Y de nuevo duelo, aprieta, ahoga...

Si tu respuesta es pararte y dedicarle un ratito, como lo harías con una amiga. Ella de repente aprieta fuerte y duele intenso mientras sale, te susurra su mensaje el lenguaje que conoce. Tu cuerpo se estremece, se encoje, se siente. Y cuando vuelves a sentir, ya no está. Se ha transformado. Queda su poso, su mensaje, su compañía lejana y el dolor, fluye por el río continua su camino diluido.

En ese momento, ya no grita, ya no come, ya no llora, ya no duele. Se ha fundido en ti en un tierno abrazo, en el susurro del eco de su recuerdo.

¿Te atreves a probar?