Tras varias semanas de sequía en el blog aquí comienzo el nuevo año con ganas e interés por seguir adelante, bajo ese propósito de seguir en el camino, con los sentidos abiertos para vivir las experiencias que me traiga, que os comenté en el último post, http://elcuentocomoherramienta.blogspot.com.es/2012/12/un-ciclo-se-cierra-para-dar-paso-otro.html.
Por ahora en lo que al blog se refiere me ha traído algo de sequía, sentarme delante del papel y… a esperar; dejarlo para otro día, eso que llaman el bloqueo del escritor, pues me ha tocado en estos días.
En estos momentos es cuando se plantean muchas dudas, ¿para qué seguir? ¿y si estos no es lo mío? ¿igual me viene grande esta aventura?
La sensación de frustración y cierto miedo ante la linde del abismo recorren mi cuerpo, incluso puedo sentir escalofríos. Mi cabeza se puede ver desbordada por “lo dejo, puedo elegir en todo momento qué hacer, así que lo dejo”.
¿Os ha pasado alguna vez?
La parte de puedo elegir la tengo muy interiorizada, y más desde que he introducido que si decido no dejar cosas que me hacen sentir insatisfecha es porque no estoy preparada para las consecuencias o son más duras que seguir insatisfecha, al menos en el momento que lo valoro lo veo así.
Si os acordáis en un post hablé de mi arroz con leche. Como me acuerdo de las primeras veces que lo hice, nuestra relación no empezó especialmente bien. La primera vez cocí arroz en leche, el arroz era largo y no hubo forma de que cuajará. En la segunda algo aprendí, usar arroz del que se pasa, la leche la calculé mal y quedó algo empedrado, vaya si se lanzaba daba golpe… Así poco a poco fue cambiando medidas de arroz y leche hasta conseguir crema de arroz con leche.
De mi relación y experiencia del arroz con leche he aprendido muchas cosas hoy voy a hablarte del destino final.
El objetivo final aparentemente era aprender a hacer arroz con leche, ¿fácil no?
Hoy, desde donde me encuentro veo muy nítido que era mucho más y ese mucho más es el que me dio la fuerza para seguir, para avanzar.
Tocaba uno de mis valores "la familia", desde una perspectiva distinta, desde el lugar en el que a mí me permite dar a personas que me han regalado tanto. Es motivo suficiente para vincular una sencilla receta de cocina conmigo, ante cada obstáculo, desaliento y desánimo mirar hacia ahí me hace levantarme y continuar.
En más ocasiones he sentido este vínculo tan estrecho entre el destino y yo, es una sensación que inunda mi cuerpo, me hace emocionarme al sentirlo, da sentido a lo que hago y es la mano a la que me agarro para seguir.
Quizás me puedo aventurar a decir que de ahí nace la "fuerza de voluntad" que reside en la conexión de aquello que se hace con los valores que nos mueven a la acción.
Así, tras la sequía viene el caudal que nutre y moja el terreno para hacerlo rebrotar.
Te invito a que reflexiones, ¿qué te mueve a la acción?