Todo empieza y todo acaba, principio y fin, el gran movimiento de la vida.
Gracias a la vida, por tanto como me da. Un final que abre otra puerta aún por contar.La riada de risas, lágrimas, abrazos, de tristeza, de agradecimiento, de incertidumbre, de cariño y rabia, todo junto en un instante.
Una garganta bloqueada y un corazón lleno, a rebosar.
El ego y el orgullo muy subidos, colmados como nunca antes. Los pies anclados en la tierra, firmes y sujetos.
El alma sosegada, aceptando y recibiendo. Dando permiso a recibir, un fluir de cariño, recorriendo el arcoiris y flotando entre las nubes, ¿de algodón?.
Sabor a fresa, color de melocoton, chispeante de estrellas diminutas vibrantes, que flotan surcando la vida.
En la inmensidad de lo infinito, la única existencia del ahora, la cercanía de calor ajeno y el propio.
Bajo el pilar de mi propio reconocimiento.
Entre el barullo y la intensidad, el agradecimiento infinito a la confianza recibida, cada instante y cada aprendizaje compartido.
Gracias, infinitas gracias a todos y cada uno de vosotros por haber formado parte de mi vida.