Estamos ante días de reflexión, de repaso de un año.
Es el momento de cerrar este ciclo que se llama 2021. No sé si a vosotros o pasa pero a mí sí, llevo años que durante el mes de diciembre me invade una necesidad de repasar el año, lo que he aprendido, lo que me aportado, agradecerle todo lo que me ha traído. Y también de recordar los momentos difíciles, lo que se ha llevado, lo que ya no volverá, los miedos y enfados que han tenido lugar. Tratando sacar nuevas lecciones que me ayuden a caminar y de cerrar heridas cuando es necesario o ponerlas un bálsamo para hacerlas más llevaderas, son una parte de mí que muestran lo que ha sido mi vida y merecen ser respetadas y recordadas.
Este 2021... es una añoranza, comenzó con confianza de cambios de reencuentros, con la calma de la falta de contacto y las emociones dispuestas a vibrar. Y quizá, y sólo digo quizá acaba igual.
Reencuentros fugaces, demasiado. Tan esperados y tan breves. Recorrido de emociones contrapuestas de todos los colores y olores, heridas e impactos imborrables, tatuajes de por vida. Acompasados por la música de la paz, de que si así ha sido así es como debería de ser, o no? Nada vuelve a ser igual, todo cambia y para siempre. Y me pregunto, ¿Cuándo no es así? Cada paso cada experiencia es irremplazable, nunca vuelve y lo transforma todo. Algunas con un tsunami que nos hacen abrir los ojos y verlo como un golpe de hielo que lo congela todo, que para el mundo.
Y sigue rodando, rodando, rodando pero con el rumbo perdido, al menos por un tiempo.
Aprendizajes infinitos de un año y de una vida. A remar cuando el mar está revuelto con la esperanza de que volverá a aclarar. A abrazar a quienes te quieren abrazar y recoger el cariño en ocasiones empañado por virutas de la vida. A fluir con lo que viene sabiendo que todo avanza y es cuestión de dejarlo sentir y pasar por ti. A sobrevivir a las resistencias de mi molinillo, a buscar aceptación donde no percibo más que malestar, este es un camino de nunca acabar. A poner luz donde solo parece verse la oscuridad. A acercar corazones en la adversidad. A agradecer en la vida todo lo que me ha brindado recogiendo sus frutos ya caídos. A perdonar y perdonarme por los tropezones mal dados.
Con todo esto lo despido le dejo ir, le miro con cariño y dolor a partes iguales y le digo adiós.
Al 2022 que está para empezar le pongo una pizca de esperanza, gotas de amor, ganas de ilusión y le pido luz que permita alumbrar el camino.
¿Qué le agradeces a este 2021 que está dando sus últimos coletazos? ¿Qué pones para el 2022? ¿Qué le pides?
Trata de buscar objetivos realistas que dependan de ti, siente lo que quieres como que ya estuviera pasando y encuentra tu MOTIVACIÓN para conseguirlo.
Feliz Navidad y que el año 2022 venga cargado de nuevas experiencias y emociones. Vivámoslo intensamente.
Para leerlo y asimilarlo con calma. Gracias.
ResponderEliminarMe alegro :). Y si quieres compartirlo aquí estoy. Viene de tiempos de reflexión.
ResponderEliminar