Me remueve, me resuena bien dentro, hace que mis dedos
bailen buscando el son de las letras. Me angustia a la par que me motiva, me
ilusiona y me levanta a buscar mi pequeño granito de arena.
Desde esa danza, desde ese aire que revolotea por todo mi
cuerpo dejándolo desnudo, recorriendo cada poro de mi piel, es desde donde me
gusta escribir este blog.
Mi objetivo: contribuir en esta tremenda situación producida
por la crisis sanitaria del COVID-19, hacer uso de mis conocimientos, que sé
que en alguna parte están, dar rienda suelta a mi motivación, enfocarme hacia
algo que entreabre mi puerta.
Hoy quiero escribir, acercarme al dolor que muchas personas
sienten en estos días teñidos de negro, llegando incluso a traer pérdidas muy
significativas en nuestras vidas. Y por otro lado, quiero dar forma a mi
propósito de aportar desde una perspectiva más estructurada, más activa.
El dolor que en estos días nos está azotando de manera
generalizada a nuestro planeta y a cada uno de una manera. Dolor que a mí, me
está acariciando en mi camino hacia la sanación de heridas, y de aprendizaje. De la
mano que de quien abre rumbos desconocidos y potencia mi
experiencia, a quien agradezco infinito su iniciativa y compartir la
oportunidad.
El dolor de cada una
de las personas que estamos involucradas en esta situación, todos tenemos el
nuestro. El dolor de la pérdida de seres queridos o de la ausencia de
acompañamiento a personas cercanas que sufren la pérdida.
Me resulta aterrador sentir la pérdida de un ser querido desde la
distancia, en soledad, sin despedidas. Toda pérdida requiere de una DESPEDIDA, una despedida como se merece. Nuestra naturaleza es social y las pérdidas y
la imposibilidad de acompañar a alguien cuando está pasando un duelo nos
aumenta la soledad, que ya de por sí esta situación no obliga a tener. Toda
pérdida requiere ser sentida y llorada, para que la herida cierre y nos quede
el recuerdo en la cicatriz.
Una emoción reprimida, no sentida o enquistada, trae culpa
propia o la búsqueda de culpa en terceros, trae tristeza invasora sin permitir
avanzar. Una cicatriz nos recuerda que el dolor existió, que fue una parte de
mi vida, que es parte de mi historia, de mis aprendizajes, y pasó. Lo dejé ir,
dejé que siguiera su camino, que cada alma que se va siga su curso y no se
quede encerrada en un sufrimiento continuo.
De aquí, de mi necesidad de seguir, de cerrar heridas, algo
que me ha llevado años comprender cuan importarte es, os invito a DESPEDIR, a
acompañar a las personas que queremos en sus duelos, desde la distancia.
Dejemos que el dolor entre, pase y se vaya.
Muy bien plasmado. Creo que puede ayudar a mucha gente
ResponderEliminarQué ilusión me ha hecho que escribas aquí!!!! Gracias!!!
EliminarTrae tristeza invasora sin permitirnos avanzar. Qué bien expresado. Gracias por compartirlo.
ResponderEliminarGracias ;).
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