lunes, 6 de abril de 2020

EL DUELO. Aliarnos con el duelo...


Me remueve, me resuena bien dentro, hace que mis dedos bailen buscando el son de las letras. Me angustia a la par que me motiva, me ilusiona y me levanta a buscar mi pequeño granito de arena.

Desde esa danza, desde ese aire que revolotea por todo mi cuerpo dejándolo desnudo, recorriendo cada poro de mi piel, es desde donde me gusta escribir este blog.


Mi objetivo: contribuir en esta tremenda situación producida por la crisis sanitaria del COVID-19, hacer uso de mis conocimientos, que sé que en alguna parte están, dar rienda suelta a mi motivación, enfocarme hacia algo que entreabre mi puerta.


Hoy quiero escribir, acercarme al dolor que muchas personas sienten en estos días teñidos de negro, llegando incluso a traer pérdidas muy significativas en nuestras vidas. Y por otro lado, quiero dar forma a mi propósito de aportar desde una perspectiva más estructurada, más activa.


El dolor que en estos días nos está azotando de manera generalizada a nuestro planeta y a cada uno de una manera. Dolor que a mí, me está acariciando en mi camino hacia la sanación de heridas, y de aprendizaje. De la mano que de quien abre rumbos desconocidos y potencia mi experiencia, a quien agradezco infinito su iniciativa y compartir la oportunidad.


El dolor de cada una de las personas que estamos involucradas en esta situación, todos tenemos el nuestro. El dolor de la pérdida de seres queridos o de la ausencia de acompañamiento a personas cercanas que sufren la pérdida. 


Me resulta aterrador sentir la pérdida de un ser querido desde la distancia, en soledad, sin despedidas. Toda pérdida requiere de una DESPEDIDA, una despedida como se merece. Nuestra naturaleza es social y las pérdidas y la imposibilidad de acompañar a alguien cuando está pasando un duelo nos aumenta la soledad, que ya de por sí esta situación no obliga a tener. Toda pérdida requiere ser sentida y llorada, para que la herida cierre y nos quede el recuerdo en la cicatriz.


Una emoción reprimida, no sentida o enquistada, trae culpa propia o la búsqueda de culpa en terceros, trae tristeza invasora sin permitir avanzar. Una cicatriz nos recuerda que el dolor existió, que fue una parte de mi vida, que es parte de mi historia, de mis aprendizajes, y pasó. Lo dejé ir, dejé que siguiera su camino, que cada alma que se va siga su curso y no se quede encerrada en un sufrimiento continuo.
De aquí, de mi necesidad de seguir, de cerrar heridas, algo que me ha llevado años comprender cuan importarte es, os invito a DESPEDIR, a acompañar a las personas que queremos en sus duelos, desde la distancia. Dejemos que el dolor entre, pase y se vaya.

4 comentarios:

  1. Muy bien plasmado. Creo que puede ayudar a mucha gente

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    1. Qué ilusión me ha hecho que escribas aquí!!!! Gracias!!!

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  2. Trae tristeza invasora sin permitirnos avanzar. Qué bien expresado. Gracias por compartirlo.

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