Agüitas agitadas. Incómodas, con la mirada puesta en el mañana.
Expansión de ser RARA, quedan momentos en los que retumba ensordecedoramente. Fuera de lugar una vez más, de tantas.Mi sitio está dónde esté yo, mi sitio va conmigo, en mi interior. Mi sitio está en mí.
Mi lugar, encuentro mi aire, el silencio. Mi casa está aquí!!!
El duelo... cerrar puertas confiando que se abrirán ventanas, que todo tiene su lugar, su motivo...
Dejar marchar, agradecer entre el dolor regado por la fuerza de seguir, fe en la vida, en la esencia.
Dejar volar a cada uno desde la compresión, el abrazo invisible que todo sujeta.
Confianza vibra fuerte, todo es porque tiene que ser, la Tierra sujeta y alas para volar, para tomar impulso.
El miedo recorre cada hueco, se propaga opaca todo, y si me detengo y le percibo, re recoje y acurruca dolorido. La culpa, se compañera de viaje, cuyo regocijo es amasar granos de arena y transformarlos en remolinos veloces, que escupen hacia fuera mientras dentro es imparable.
Amaina, se asienta el suelo, la arena es sujeción en Tierra, nada alrededor. El peso de mantenerme en pie me deja caer, todo esta en su sitio y todo está revuelto, las agüitas están agitadas, hasta que lentamente se calman.
Todo ha sucedido y nada ha pasado.
Veo desde el horizonte los remolinos ajenos, capaz de distinguirlos más allá de mí, su arena viene hacia mí y dejo que vuelva a su lugar.
Me comprendo entre la vorágine ajena y nado hacia la calma cuando quiere invadirme de incomprensión.
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