miércoles, 17 de agosto de 2022

Cambio de rumbo

A veces un pequeño aleteo  genera un movimiento que se transforma en un tsunami.

Parece una frase hecha y sin embargo, lo siento tan cierto en mi corazón.

Hay momentos en que la vida nos pide a gritos hacer un movimiento arriesgado, aletear un poco las alas cansadas, que insuflen un poco de viento. ¿Lo habéis sentido?
El viento lo mueve todo. Es el elemento que enlaza lo humano con lo divino, o... lo divino con lo humano?
¿Qué  va a ocurrir con ese aleteo? ¿Hacia dónde va a llevar el viento las hojas? Puedo intuirlo en ocasiones, puedo percibir su aliento y sin embargo, siempre me sorprende y me muestra un sendero que no conocía, que no esperaba. La magia de vivir, la magia de sentir, la magia de moverme dejando fluir el aire transformador que todo lo toca.
Estoy sintiendo el tacto de aire que todo me mece, unas veces son caricias y abre ventanas que dejan penetrar un aire puro y renovado; otras veces son rachas virulentas que parecen que va a quebrar mis cabellos, incluso a ratos es tan frío que parece que va a cortar mi piel.
A su son busco bailar y adaptarme a su latir.
Ay el viento, el aire que me alimenta, me ilumina y hace gozar mi cuerpo cuando con suavidad lo roza diciendo "aquí estoy yo".
Mientras a mí me roza, siento las lágrimas de a quien sacude una fuerte ráfaga al pasar y trato de sujetarme aquí, donde ahora me toca estar.
Observo en la distancia, en la quietud agitada por el aire que todo lo penetra, observo dónde estoy, agradezco el camino recorrido entre dónde estaba y dónde estoy. Observo dónde están quiénes me rodean y tiendo una mano ante las sacudidas que el viento lanza quebrando su almas.
Así,  el viento compañero de viaje inseparable me acompaña a cada instante y aporta la transformación de un pequeño aleteo, de un pequeño cambio de rumbo.

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