Es injusto, la vida a veces es injusta.
Es injusto que una persona reciba
las consecuencias de las acciones otras, bien sea por acciones imprudentes,
bien sea por omisión de acciones que luego se transforman, adquiriendo la fuerza
y la carga de rabia que engordan el silencio... el mal uso del silencio.
Es injusto ver sufrir por un
error tuyo a otra persona, es injusto que otro reciba la consecuencia de tus
actos. Es injusto ver cómo la ira se apodera de ti por no dejarla salir en el
momento oportuno. Es injusto que recaiga sobre una persona que despierta en ti
los mejores y más potentes sentimientos.
Es injusto que un “perdón” no
pueda eliminar lo que has hecho….
Las injusticias de este tipo no
me gustan aún cuando a veces me vea siendo víctima de ellas…
También sé que estas injusticias
son una gran fuente de aprendizaje, abrir los ojos y mirarlas, abrir el corazón
a su dolor, dejarlas sangrar nos traen nuevo conocimientos, me permiten
avanzar.
Sacarlas y dejarlas acompañar por
los afectados, permiten compartir y mirar juntos con los ojos del amor hacia
una nueva forma de hacer, siempre desde la comprensión, el perdón amoroso
enfocado en la compasión y la aceptación de lo sucedido desde la
responsabilidad, aún sabiendo que es la rabia contenida quien ha actuado.
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