Estoy en la ladera de un gran volcán, bajo mis pies noto su calor; unos días es más intenso y otros más suave.
Oigo el crujir de la lava en su interior, huelo la fragancia de su hervir y algunos días veo correr ríos de lava.
En otros tiempos el río de lava ha corrido bajo mis pies y me ha quemado, ahora sólo lo veo y noto su rugir, me roza su calor.
Hoy me toca estar expectante, mantener la calma , dejarlo pasar en la incierta espera de lo que traerá.
Veo el dolor que queda tras cada río de lava, veo sus ascuas, sus cenizas. Veo las heridas abiertas y como las mías se resienten cuando vibra el volcán.
Sé que la lava a su paso abrasa y también sé que después el terreno puede quedar más fértil, al levantar la cabeza y volverlo a abonar.
En cada momento la visión es diferente, todo cambia, todo gira...
Hoy miro hacia dentro y encuentro calma y perspectiva para mirar a mi alrededor y ver mis heridas.
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